Carter es etólogo, psicólogo de animales. Algunos de sus clientes no pueden ir a la consulta.
Normalmente, cuando queremos quedar, vamos a casa de Carter. Para poneros en situación, tenéis que saber que en nuestro grupo solemos ser cuatro: Jeremías, Carter, Godefroi y yo. A veces vienen también Tomás o Darío, pero pocas veces. Ahora que estan muertos menos. El caso es que Carter es el único de los 4 que tiene una casa lo suficientemente grande como para que quepan 4 personas. Jeremías nunca encontró piso, así que tiene un chanchullo con los del zoo, que le dejan dormir allí. A cambio, ellos experimentan con él, le hacen tests y pruebas y lo usan de hombre anuncio en la Rambla. Godefroi vive en una residencia de estudiantes desde hace ya 13 años. Y yo tengo un piso de 15 metros cuadrados, que tiene un comedor-cocina-balcón muy bonito y con buenas vistas, y un baño-habitación-rellano bastante acogedor, pero no entramos más que yo y otra persona, siempre que esta sea un pigmeo. Las cosas como son, el piso de Carter no es muy grande, pero tiene una sala con un sofá, una tele y un sillón, además de una alfombra en el suelo la mar de cómoda. Yo a Carter le conocí gracias a Jeremías, que siempre ha tenido muchos traumas y miedos, problemas para conectar con el resto de humanos. Bueno, digo resto de humanos asumiendo que él lo es, aunque no fue eso lo que dijo el doctor.
Jeremías visitó a muchos psicólogos de pequeño, pero ninguno consiguió ayudarle (repito que normalmente no se le entiende). Ya que con los psiquiatras de los humanos no había conseguido nada, probó con los de los animales: visitó a un etólogo. Concretamente al doctor Fernández. No, no es Carter, es otro. Hay más lío, ¿eh? Muy curioso. El caso es que le fue bien, y además allí conoció a Tomás, en la sala de espera, cargando con su pez payaso (tenía un pequeño trastorno, creía ser un mimo, muy desagradable, lo sacrificaron). Tomás se fue de orchatas con Jeremías y, después de una noche loquísima, despertaron en casa de Carter, desnudos y atados de pies y manos a unas cuerdas colgadas del techo. Carter también estaba atado. Los tres. Nadie más en la casa. Carter siempre se rie mucho cuando lo cuenta, ya que no recuerdan nada, y además Carter tiene una deficiéncia hormonal que le hace reirse a carcajada pura ante cualquier cosa que le produzca una leve emoción. CUALQUIER emoción. Es muy molesto ir a funerales con él. Y más cuando es el de un militar. Lo pasé fatal en el de Darío. Él no, claro. Claro. OSCURO. Joder, mierda, coño ya! Jeremías me presentó a Carter y a Tomás el mismo día y conectamos enseguida. Desde entonces, siempre terminabamos todos en casa de Carter, despertando por la mañana desnudos y atados de pies y manos del techo. Hasta que murió Tomás.
Esto va de mal en peor.
Jeremías visitó a muchos psicólogos de pequeño, pero ninguno consiguió ayudarle (repito que normalmente no se le entiende). Ya que con los psiquiatras de los humanos no había conseguido nada, probó con los de los animales: visitó a un etólogo. Concretamente al doctor Fernández. No, no es Carter, es otro. Hay más lío, ¿eh? Muy curioso. El caso es que le fue bien, y además allí conoció a Tomás, en la sala de espera, cargando con su pez payaso (tenía un pequeño trastorno, creía ser un mimo, muy desagradable, lo sacrificaron). Tomás se fue de orchatas con Jeremías y, después de una noche loquísima, despertaron en casa de Carter, desnudos y atados de pies y manos a unas cuerdas colgadas del techo. Carter también estaba atado. Los tres. Nadie más en la casa. Carter siempre se rie mucho cuando lo cuenta, ya que no recuerdan nada, y además Carter tiene una deficiéncia hormonal que le hace reirse a carcajada pura ante cualquier cosa que le produzca una leve emoción. CUALQUIER emoción. Es muy molesto ir a funerales con él. Y más cuando es el de un militar. Lo pasé fatal en el de Darío. Él no, claro. Claro. OSCURO. Joder, mierda, coño ya! Jeremías me presentó a Carter y a Tomás el mismo día y conectamos enseguida. Desde entonces, siempre terminabamos todos en casa de Carter, despertando por la mañana desnudos y atados de pies y manos del techo. Hasta que murió Tomás.
Esto va de mal en peor.
